La próxima gran revolución alimentaria ya está en marcha, y Brasil tiene todas las condiciones para liderarla. Estamos hablando de... Avances en la producción de proteínas alternativas mediante fermentación, una tecnología revolucionaria que podría transformar profundamente la forma en que producimos alimentos, haciendo que el sistema alimentario mundial sea más sostenible, más seguro y más eficiente.
Para ayudar a trazar los caminos hacia este futuro prometedor, GFI Brasil acaba de lanzar la publicación Fermentación en Brasil: oportunidades y caminos para el desarrollo del sector de proteínas alternativas. El estudio reúne datos sin precedentes sobre el estado del arte de la fermentación en el país, identifica las capacidades técnicas e industriales existentes y propone acciones concretas para aprovechar este sector estratégico.
Un nuevo uso para el conocimiento antiguo
La fermentación ha sido una tecnología con miles de años de historia: el pan, el vino, el tofu, el tempeh y el yogur son productos fermentados. Sin embargo, en las últimas décadas, ha adquirido nuevas aplicaciones gracias a la biotecnología moderna. Hoy en día, es posible utilizar microorganismos como "fábricas celulares" para producir ingredientes funcionales, proteínas de alto valor nutricional e incluso estructuras con texturas y sabores similares a los de los productos animales.
Se trata de una tecnología versátil, con aplicaciones que abarcan desde la formulación de alimentos vegetales más atractivos hasta la producción de proteínas completas e ingredientes para carne cultivada. Y lo mejor de todo: con un menor impacto ambiental y una mayor eficiencia en el uso de los recursos naturales.
Este proceso tecnológico, según Isabela, puede utilizarse para desarrollar proteínas alternativas mediante fermentación tradicional (que utiliza bacterias y hongos para transformar ingredientes en alimentos como tofu, tempeh y yogures), biomasa (que utiliza, por ejemplo, hongos filamentosos para producir micoproteínas con una textura similar a la carne) o precisión (que aplica ingeniería genética para programar microorganismos para producir proteínas e ingredientes idénticos a los de origen animal), permitiendo crear productos e insumos de manera eficiente, debido al rápido crecimiento y alta productividad de los microorganismos.
¿Qué hace que Brasil esté tan bien posicionado para sobresalir en esta industria?
Nuestro país ya cuenta con una base sólida para impulsar este nuevo sector. La experiencia acumulada durante las últimas décadas con la industria de los biocombustibles, especialmente el etanol, y con la producción de enzimas industriales constituye una verdadera ventaja competitiva. infraestructura instalada, mano de obra especializada, capacidad de producción de insumos y un Red robusta de investigación científica.
El estudio de GFI Brasil identificó más de 60 instituciones relevantes en el ecosistema de fermentación en Brasil, incluyendo 40 universidades, así como centros de investigación con experiencia técnica y científica. Es un retrato de un país que ya cuenta con las piezas clave para impulsar una nueva cadena de producción, con potencial para generar valor, empleo e innovación.
Un sector estratégico para el futuro de Brasil
Invertir en el sector de fermentación de proteínas alternativas es invertir en soberanía tecnológica, seguridad alimentaria, bioeconomía y desarrollo sostenible. Posiciona a Brasil no solo como el granero del mundo, sino también como... Laboratorio de soluciones alimentarias para el planeta.
Para que Brasil se consolide como líder mundial en fermentación de proteínas alternativas, el estudio recomienda establecer alianzas entre universidades, startups y empresas para compartir infraestructura y conocimiento; inversión pública y privada en CMOs (Organizaciones de Manufactura por Contrato); involucrar a los agronegocios como proveedores de insumos fermentables; promover la investigación de nuevos microorganismos y rutas biotecnológicas; y fortalecer políticas públicas que estimulen la innovación y la bioeconomía.
“Con políticas públicas adecuadas, apoyo a la innovación, incentivos a la formación de talento y coordinación entre gobierno, academia y sector privado, podemos acelerar este desarrollo y cosechar los frutos en el mediano plazo”, argumenta Isabela.
Con este estudio, invitamos a empresas, investigadores, inversores y responsables políticos a construir juntos un futuro en el que los alimentos que son buenos para todos también sean buenos para el planeta.